El bloque de válvulas suele elegirse copiando la instalación anterior. Eso funciona hasta que cambia la aplicación: entonces un bloque corto de prestaciones complica la calibración y uno sobredimensionado desperdicia dinero y espacio.
Un bloque de dos válvulas es una válvula de corte y una de purga en un mismo cuerpo, para manómetros y transmisores de presión de una sola entrada. La de corte aísla el proceso; la de purga libera la presión atrapada para poder retirar el instrumento con seguridad. Si su instrumento tiene una sola conexión de proceso, este es el bloque que necesita.
Un bloque de tres válvulas añade una de igualación a las dos de corte, para transmisores de presión diferencial. La de igualación es la importante: abrirla antes de cerrar las de corte deja la misma presión a ambos lados de la membrana del transmisor y la protege de la sobrecarga unilateral que se produciría al parar. El orden importa: primero igualar, después cortar.
Un bloque de cinco válvulas lleva dos de corte, dos de purga y una de igualación. Las purgas adicionales permiten poner a cero y calibrar el transmisor in situ sin romper la conexión de proceso. En instalaciones donde la calibración es frecuente, o donde el acceso es tan difícil que retirar el instrumento cuesta media jornada, el de cinco se amortiza enseguida.
Así pues: una sola conexión de proceso con mantenimiento poco frecuente apunta al de dos; presión diferencial en servicio estándar, al de tres; y presión diferencial con calibración in situ o acceso difícil, al de cinco.
Montar el bloque directamente sobre el transmisor elimina la tubería de impulso entre ambos, y con ella vías de fuga, masa y mano de obra. Cuando el transmisor debe quedar alejado de la toma, una conexión prefabricada logra la misma reducción de uniones a lo largo de todo el tramo.